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El pasado 28 de marzo, en una conferencia impartida en el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, se ponía de manifiesto la inquietud causada por una investigación sobre el cerebro. En concreto, sobre cómo reanimar el cerebro de un cerdo y mantenerlo vivo después de que el animal hubiera "muerto".
Con esta investigación, los científicos buscan poder trabajar con un cerebro en las condiciones imposibles de conseguir sin pasar por "la muerte". Pero revivir un tejido no es una tarea sencilla. Las cuestiones técnicas son tan peliagudas como las éticass o morales. ¿Necesitamos una legislación mejor para experimentar con el cerebro humano? ¿Estamos ante los límites de lo que definimos como muerte?
¿Dónde comienza la muerte? Parece una pregunta muy sencilla: donde termina la vida. Pero no es nada fácil contestar con precisión a esta cuestión. ¿Y si pudiéramos crear una suerte de monstruo de Frankenstein? ¿Estaría vivo? Las últimas investigaciones nos ponen un paso más cerca de este hito.
Pero la intención, por supuesto, no es reanimar a un muerto. Al menos no con extrañas intenciones. Las últimas técnicas podrían brindarnos la oportunidad de trabajar con tejidos y patologías hasta ahora imposibles de abordar. Las cuestiones éticas y morales que se levantan ante esta posibilidad son muchas
